¡Antes del slow-fashion!

tacones-altosExtenuada cerró de un golpazo la puerta de su apartamento y con la última fuerza que le acompañaba subió sus piernas, la derecha primero seguida de la izquierda, era su propio paso “petit cabriole” haciendo volar por los aires los zapatos de tacones altos que llevaba puestos desde las 7 de la mañana y que fueron a aterrizar sobre la alfombra de la sala. Sacudiendo sus brazos como una posesa, intentaba soltarse de las seis bolsas que casi llevaba arrastradas y que como tentáculos de pulpo se le enredaban aferradas a sus muñecas, dispuestas a no soltarse.  Resoplando el último aire que tenía en sus pulmones, encontró la fuerza para sacudírselas, haciendo que cayeran todas juntas al suelo.

 heels-shiopping-082813spHFM_0Tomó una bocanada de aire para volver a llenar sus pulmones y se percató de que tenía dos plomos atados a sus hinchados tobillos y con un esfuerzo casi sobrehumano, logró arrastrarse lentamente los 6.3 metros que la separaban del sofá, el que la esperaba con los brazos abiertos.  Al llegar a él, con un solo movimiento se dejó caer agotada. Comenzó a masajearse los pies, pues no los sentía, eran dos bloques de piedra maciza sin ningún vestigio de vida dentro, si no los estuviera viendo podría pensar que estaba sintiendo el síndrome del miembro amputado, porque no los sentía, ya que había estado todo el día encaramada en aquellos ridículos zancos.  Poco a poco empezó a sentir un dolor agudo, no podía precisar exactamente dónde, era un reflejo que se difundía por todo su cuerpo. No sabía si tenía deseos de llorar a moco tendido, o de reír, lo cual era para ella otra manera de reaccionar ante el dolor, esta vez lanzó un gemido y salió de su boca un comentario que encontró profundamente enterrado en el más recóndito lugar de su alma.

shopping-bags-¡Malparidos couturier de alta moda, siempre he pensado que se burlan de nosotras!
los puedo ver muertos de risa mientras piensan en lo incómodas que estaremos luciendo sus “diseños únicos” ¡qué dolor tengo en los pies, ya no los siento! ¿Estarán gangrenados?-

2016-Amazing-Top-font-b-Fashion-b-font-Mermaid-font-b-Evening-b-font-font-bAdemás del agudo dolor que sentía en cada una de las células deshoe-11 su cuerpo, sabía que estaba completamente quebrada. Su cuenta estaba en rojo, no le quedaba ni para comer, había gastado todo su salario en el atuendo de alta moda para asistir al evento al que estaba invitada. Es que quería mostrar una personalidad de “jet set” en su estilo de vestir, sentirse que era una mujer elegante, de clase y que estaba a la vanguardia de la moda. Casi muerta, se arregló como pudo, se calzó los zapatos de tacón que le habían costado una millonada sin hablar de ese vestido de diseñador francés, que le valía casi lo mismo que su automóvil. Cuando llegó a la boda, sus amigas le dijeron que tenía muy mala cara y su novio le preguntó, ¿por qué cojeas y arrastras la ropa?

blanco cortadoAlgún tiempo después de aquella noche terrible, ella llegó a ese importante desayuno vistiendo un hermoso jumpsuit blanco con un cinto de colores atado a su cintura. Estaba regia, lucía fresca, cómoda, moderna, hermosa. Se había convertido en el centro de atención del mismo círculo de mujeres y hombres que aquella noche fatídica habían sentido pena por ella, pero hoy la admiraban y piropeaban, mientras asombrados escuchaban la historia de cómo su vida era una antes y después de conocer el movimiento “slow fashion”, ese estilo de elegancia auténtica a largo plazo y de precio moderado.

A partir de entonces, pudo relajarse, disfrutar y mantener su estilo exclusivo y permanente, reinventando su imagen a través de las piezas de vestir de la diseñadora costarricense especializada en Slow – Fashion, Irene Piedra Batalla. Porque sus diseños son prendas accesibles a su bolsillo, representan justo lo que ella desea reflejar: su imagen con estilo propio, cosmopolita, independiente, que sabe vestir e invertir su dinero inteligentemente.

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Vestido infinito, Irene Piedra Batall, Costa Rica Slow Fashion

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Marcela Valdeavellano, 493 años después

Marcela Valdeavellano, Mente de encomendero. lápiz, acuarela y tela sobre papel. 8.5 x 11 pulgadas. 2017. (2)

Marcela Valdeavellano, Mente de encomendero, técnica mixta sobre papel, 8.5 x 11 pulgadas, 2017.

 

Ya han pasado 493 años y aún continúa la amarga herencia del encomendero.  Y ahí está ella, la que sí lleva la cuenta, zumbando como colibrí, trabajando, incansable, buscando por aquí, soltando por allá, polinizando las mentes de las almas dormidas, esas sin voluntad propia, engullidas por la esclavitud de lo aprendido. Seres dominados aún como antaño, por los colonizadores, quienes implantaron las semillas del racismo y la discriminación en sus fértiles mentes. Y después de ser plantadas, no se atreven a mirar su fruto en su propia mirada, les asusta, porque florecen en los espejos que llevan dentro de sus pupilas, y que les fueron colocados al nacer, lo que los espanta y los aleja de inmediato. Cargan en sus espaldas y sobre sus cabezas ese miedo profundo y hondo, que les produce una fuerza capaz de condenar, azotar y destrozar.

Cuando nací
me pusieron dos lágrimas
en los ojos
para que pudiera ver
el tamaño del dolor de mi gente.

 Humberto Ak’abal

Hay algunos elegidos como lo es ella, que sabe que su misión es continuar soplando, soplando, soplando unas veces fuerte y otras suavemente. Está consciente de que nuestros pueblos desconocen la verdad, aprenden la historia estratégicamente escrita por los mismos intereses creados de hace siglos, que los condena a vivir anclados en el pasado, reacios a pensar en el futuro. Incapaces de escribir sus propias historias, repiten y repiten y repiten, hasta que aparece algún alma como ella, que desnuda la otra cara de la historia.

De vez en cuando
camino al revés:
es mi modo de recordar.                                                                               Si
 caminara sólo hacia delante,
te podría contar
cómo es el olvido.

 Humberto Ak’abal

Aquel día fue a la Plaza de la Constitución, donde se aglutinaron miles de personas en protesta, y susurraba por doquier palabras descarnadas, aquella diminuta figura de mujer que se movía entre la multitud, mientras soplaba, soplaba, soplaba… Su cuerpo denota el cansancio de una muy larga jornada y se mezclan bajo su piel las muchas juventudes. En medio de esa situación, de su Ser sobresalían millones y millones de memorias ancestrales y sabiduría recogida en el extenso camino. Sin embargo, cuando ves profundamente en su mirada, encuentras la expresión ingenua de una tierna e inocente niña, llena de entusiasmo y esperanza, deseando enderezar la dirección en la que ha girado el mundo en la ilusión de este espacio temporal, durante los últimos 493 años.

Su mensaje es claro, invitando a su gente a que reconozcan y den su lugar a toda aquella inmensidad de almas que desde tiempos ancestrales habitan estas tierras, y por siglos han sido sometidas, excluidas, marginadas, esclavizadas.

Las nubes decoraban de blanco aquel inmenso techo azul, reflejado sobre las aguas del lago. MUJERES1.jpgAllí estaban ellas, todas mujeres, lavando sus huipiles contra las piedras del lago, en Santiago Atitlán. Y mientras lo hacían, ella soplaba, soplaba, soplaba… en forma de suave brisa recogiendo sus risas y conversaciones, no hablaba tzuthuhil, pero no lo necesitaba, entendía y sabía lo que sugerían sus palabras;  amor por su tierra, por sus ancestros,  pero también lloraban sus desaciertos y sus frustraciones,  recurrían a sus tradiciones, su pasado, su presente, tantas cosas. Se detuvo, no precisó cuanto tiempo, para luego soplar fuerte de nuevo y atesorar así sus carcajadas, sus lágrimas, sus parloteos y el vuelo continuo de su vida comunitaria.

Volaba sobre las aguas, cuando algo llamó su atención, en la entrada de aquella pequeña casa en Santa Catarina Palopó, una hermosa niña de unos 8 años peinaba su largo y espeso pelo negro, mientras se miraba complacida en el reflejo de aquel espejo roto, que en perfecto equilibrio había recostado sobre el lavadero. A sus espaldas, un par de mujeres, -su madre y su abuela-, tejían en sus telares y confeccionaban al unísono sus huipiles. Sus gráciles cuerpos parecían tan frágiles y tan fuertes a la vez, capaces de traducir al presente los símbolos de su pasado para preservar su futuro.

Hablo
para taparle
la boca 
al silencio.

Humberto Ak’abal

Marcela Valdeavellano, nahual A'qabal. Lápiz y acuarela sobre papel. 8.5 x 11 pulgadas. 2017.Aq'abal

Marcela Valdeavellano, A’qabal, dibujo en grafito y acuarela sobre papel, 8.5 x 11 pulgadas, 2017.

Ella es I’q,  ella es el viento, que por donde pasa cambia. Y yo soy Aq’ab’al y les voy del nuevo amanecer, de este nuevo día. Esa jornada, su amiga del alma, Delia Quiñónez escribía su poema Marzo, Fuego de Vigilia”:

Marzo, titilante responso
viejo y ensombrecido clavel.
¡Qué multitud de ojos desgarrados
reflejan aún tus amapolas!
¡Qué avalancha de voces
hace rugir la delgadez callada de tus ríos!
¡Cuántas sombras errantes hieren
tu adorada canícula de siglos…

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Marcela Valdeavellano, I’q, grafito y acuarela sobre papel, 8.5 x 11 pulgadas, 2017.

Y en otro espacio tiempo, ella y su abuelo I’q, soplaban las mentes de quienes asistían a ver sus dibujos, “De nahuales y encomenderos”, mientras las hermanas Quiroa ritualizaban el instante y la historiadora Marta Elena Casaús Arzú, celebraba la metáfora gráfica de la gran dicotomía que ella y su abuelo I’q, representaban con su arte. Veinte dibujos que son el principio del fin de la subalternidad que ella y nosotras, sus amigas, combatimos.

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Marcela Valdeavellano, José Cecilio del Valle, redactor de la farsa básica, técnica mixta sobre papel, 8.5 x 11 pulgadas, 2017.

 

 

IGUALADA

fotografía de principios del siglo XX.

fotografía de principios del siglo XX.

Esa mañana temprano, mientras ella la vestía, Doña María le preguntó con un retintín de cólera en la voz, por su anillo de brillantes, aquel que siempre guarda en su cofre de plata sobre el tocador.

Ella, sin dejar de prestar atención al gancho del broche -también de brillantes-, que colocaba en el vestido de la dama,  cuidándose de no ensartarlo en el pecho de la señora, casi de inmediato le contestó: –No lo he visto Doña María, desde el día que usted se lo prestó a la niña.-

Doña María dio un brinco, lo que le ocasionó a la mucama una pinchadura en el dedo medio con la aguja del broche, haciéndole brotar una diminuta gota de sangre, que chupó instintivamente, mientras la Doña le espetaba:

-No, yo no le he prestado ese anillo a mi hija y ella no se lo pudo tampoco haber llevado, nunca se lo llevaría sin mi permiso. Así que yo estoy segura que está aquí en casa, y aquí nada se puede perder, ¡así es que me lo busca inmediatamente!- Dijo con ánimo  rotundamente autoritario, sin dejar la mínima brecha para que la criada le rebatiera.

Bansky, Maid Graffiti

Bansky, Maid, Graffiti

Angry Madam, de artista anónimo.

Angry Madam, de artista anónimo.

Durante todo la semana voltearon la casa al revés y luego al derecho, sin resultados.

A Doña María se le podía ver el enojo fácilmente cuando arqueaba las cejas, con los ojos entrecerrados, los labios apretados y el cuello erguido, tal como si la estuviese mirando desde una gran altura, le repetía en voz alta: -¡Aquí no se pierde nada! Así es que me busca mi anillo de brillantes, ¡era de mi bisabuela! ¿No entiende el valor que tiene?. ¡Deje de estar ahí parada con cara de boba y busca en toda la casa! en algún lugar debe estar porque no pudo salir caminando ¿verdad?-

 

Varios días pasaron y la búsqueda seguía siendo infructuosa. Y aunque ella se lo pedía reiteradamente y con todo respeto, Doña María se negaba a preguntar a su hija si tenía el anillo. Su necesidad de tener la razón se lo impedía.

Rainy Day, ilustración de Pascal Campion.

Rainy Day, ilustración de Pascal Campion.

Aquella tarde llovía a cántaros y de repente se abrió la puerta dejando entrar un fuerte viento que alzó los manteles y tumbó el florero con las flores del centro de mesa. E igualmente, con la misma fuerza del vendaval que se había desatado, entraron corriendo la niña y su hijo, quienes terminaron de sacudirse el agua sobre la alfombra de la sala, empapándola.

-¡Pero m’hija, cuidado con la alfombra!- exclama Doña María como saludo.

La doméstica corre a traerles un par de toallas para que se sequen y mientras se pasaban las toallas, les trajo un chocolate caliente con galletas. Al momento que la mucama se los servía, Doña María externó su estado:

Estoy que me pinchan y no boto sangre. Fíjate que “ésta” -señalando a la empleada-  no sabe dónde esta mi anillo de brillantes que  guardo en mi cofre de plata, sobre el tocador. ¡Lo hemos buscado toda la semana y no sabe dónde lo puso!-

-Mami, ¡pero acuérdate que me lo prestaste la semana pasada!-

-¿Usted ve Doña María? yo se lo dije que usted se lo había prestado a la niña-

-Bueno, ¡pues lo había olvidado, y qué!-

-¿Pero vio? ¡Yo se lo dije!-

-¡Suficiente, basta, se me olvidó! cállese insolente y  AHORA MISMO se lleva las toallas mojadas y déjese de estar opinando, ¿Quién se cree que es? ¡No sea irrespetuosa!-

La muchacha, con la cabeza gacha, para que no vieran las lágrimas que rodaban siempre por sus morenas mejillas debido a las frecuentes humillaciones, tomó con una mano las toallas mojadas y con la otra hizo una reverencia, alejándose por el largo corredor de la mansión colonial.

Mami, – dijo la niña. –Es increíble cómo el tiempo no pasa en esta casa ni en este país. Desde 1509, en que llegó a esta propiedad la virreina doña María Álvarez de Toledo y Rojas, la esclavitud no terminó jamás aquí, mira cómo tratas a la pobre mujer que te sirve con tanta lealtad desde que yo era pequeña.-

-¡Tú también te callas, estás hablando como cualquier comunista de pacotilla, eso me pasa por culpa de ese extraño marido tuyo que te permite ir a la Universidad, ese centro de subversivos!

-Mami, no vivimos en tiempos de la colonia como tú. Yo no le pido permiso a mi marido para estudiar ni maltrato a la gente, porque estoy convencida que todos somos iguales y que la situación en estos paisitos sólo podrá cambiar si trabajamos todos con respeto y unidad.-

Doña María no se aguanta en su piel y ve hacia una de las puertas del comedor, desde donde la criada se asoma con un azafate. Montando en cólera, le ordena:

-¡Usted, ¿qué está oyendo ahí detrás de la puerta? no sea metiche y se me larga a la cocina y me trae un té para tranquilizarme, porque entre usted y mi hija, me van a matar!-

La mucama sale y busca en el huerto de la propiedad, unas ramitas de valeriana para hacerle su té a la señora y a su izquierda, se queda mirando sin saber por qué, el antiguo galerón de los esclavos, que ahora se usa de bodega en lo que fue repartimiento colonial, declarado patrimonio, por el Ministerio de Cultura. ¿Cuál cultura? piensa ella, mientras camina hacia la cocina de vuelta.

Mujer española con su esclava. Pintura del siglo XVIII.

Mujer española con su esclava. Pintura del siglo XVIII.

 

 

 

 

 

 

MARLON PUAC ALZA VUELO AL ORIGEN

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Cerro Rupalaj K’istalin, del otro lado del lago, frente al embarcadeo de San Pedro la Laguna, Lago de Atitlán, Guatemala.

A la orilla del Lago de Atitlán, en el embarcadero de Tz’unun Ya’, el verdadero nombre en idioma Tz’utujil, de San Pedro de la Laguna, estaba Marlon sentado observando la tranquilidad del agua, frente al monte Rupalaj        K´istalin  que es una expresión en idioma maya tz´utujil que significa “rostro cristalino”; éste es otro nombre que recibe el Cerro “Rostro Maya” y pensaba cómo este ancestral cerro había sido escenario de tanta historia, la memoria de los pueblos reflejada en las aguas de este lago, de ahí la etimología Maya de su nombre, “Atit”, abuela y “tan” delante.  Su figura se reflejaba en este lago madre.  Su mente divagaba entre las leyendas que desde niño escuchaba de su pueblo, de los Aj’ tz’iquinajay, “los de la casa del pájaro” y sobre cómo llegaron las nuevas costumbres y creencias, impuestas por los colonizadores. Y allí fue cuando salieron de las profundidades de sí mismos, y muchos empezaron a buscar la aprobación de los blancos, el reconocimiento, y esto los llevó a perder su propia valía, creyendo sólo en el valor que les adjudican los de afuera, y si no los llegan ni a mirar, se sienten perdidos. Algunos buscan incansablemente parecerse a ellos, tintando sus mentes tal y como nos tintamos el pelo, y al aproximarse a su objetivo, tan solo comprueban que no son, ni serán nunca iguales.

 Sopla el viento y la gente comienza a regresar en las lanchas a tierra. Todos saben que es la hora del temido “Xocomil”, el viento que se levanta y con furia devora a cualquiera que se atreva a desafiarlo atravesando las aguas del lago. El viento arrecia y Marlon se siente inmóvil, como si un ataque de parálisis le atacara, siente su cuerpo muy pesado y una fuerza desconocida parece ejercer un efecto hipnotizador impidiéndole moverse. Curiosamente no siente miedo, siente paz y seguridad, sabe que está en el lugar y el momento correcto, a pesar de que las aguas del lago se agitan, él se mantiene apacible. Una gran calma se apodera de su ser y empieza a escuchar una voz que le susurra algo, aunque ininteligible, y le parece que viene de alguna parte del lago, pero no logra acertar de dónde. El susurro le hace recordar sus pinturas de este lago, tejidas con la memoria y le parece ver al fondo un textil. Él se acerca demasiado a la orilla del muelle y de repente, se cae al agua y helado, comienza a nadar para salir, pero se siente confuso, no sabe hacia dónde debe dirigirse, todo a su alrededor es oscuro. Increíblemente no siente miedo, no se desespera a pesar de que ya casi no tiene aire en sus pulmones. Se sumerge en las profundidades y la voz se intensifica permitiéndole escuchar.

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Marlon Puac, tinta china sobre lámina, el reflejo del lago de Atitlán

 -RECONOZCO LA FUERZA QUE HAY EN TI, Y POR ESO TE HE LLAMADO, DEBES HONRAR LA MEMORIA DE NUESTROS ANCESTROS, HACIENDO QUE SU VOZ LLEGUE A OTROS MUNDOS, SOBRE TODO A NUESTRO MUNDO, SIN SER TRANSGREDIDA POR OTRAS CULTURAS, OFRECIENDO SU PROPIO VALOR, SU APORTE. ENCUENTRA LA MANERA CON TU SABIDURÍA CON EL COLOR Y LA FORMA, QUE LOS BLANCOS LLAMAN ARTE, PARA QUE SEAMOS VISTOS Y ESCUCHADOS, ALZA TU VOZ Y AYUDA A OTROS A ALZAR LAS DE ELLOS, RECORDEMOS QUE NUESTRAS ALMAS SE COMUNICAN Y SANAN A TRAVÉS DE NUESTRA IMAGINACIÓN MANIFESTADA-.

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Marlon Puac, de la serie Paisajes de Atitlán, técnica mixta sobre lienzo, 2014.

Allí girando sobre sí mismo, Marlon encuentra los destellos de luz que entran a través del agua, indicando la superficie y  se impulsa hacia ella, con tal fuerza que el impulso es tanto, que sale como volando del agua, cayendo tendido sobre el muelle principal, empapado, pareciera que una gigantesca ola del lago lo depositó con suavidad sobre tierra firme.  La caricia de unas manos conocidas lo hace volver en sí para tomar una gran bocanada de aire, al tiempo que suelta un buche de agua. Cuando abre sus ojos se topa con ese rostro tan dulce y conocido, el de su esposa Zeneida.

Ella pasa su mano suavemente por el rostro de Marlon mientras le sonríe y le planta un beso en la frente. Él abre los ojos y con gran entusiasmo le empieza a contar a Zeneida sobre el viaje al interior del lago que acababa de realizar, y de cómo una voz le susurró lo que debería hacer y lo llevó al fondo y ahí se le había ocurrido mantener abierta la galería de arte de San Pedro de la Laguna, que el dueño quiere cerrar. –Si lo logro- le dice radiante- todos podrán exhibir cubiertos de las plumas de las miles de aves de nuestra tierra e invocando los conocimientos de los ancestros. Con esto daremos nuevas alas a nuestra gente, a nuestras creencias, a nuestras memorias ancestrales porque sólo reconociendo y fortaleciendo esas raíces lograremos zambullirnos en el lago y volar por los aires de la imaginación, como me dijo la voz del lago.

Feliz, Zeneida exclama:-¡Fue Qati’t, nuestra abuela Luna del Lago, quien te habló!-

 Él se sumerge en la profundidad oscura de los ojos de su mujer y sueña.

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La Galería de Arte Samajib’al Achib’al que dirige Marlon Puac en San Pedro la Laguna, en Atitlán, Sololá, Guatemala. En la imagen, Rocío Quiroa, directora de la Galería del mismo nombre en la capital de Guatemala, quien escribe estas líneas, seguida de Marlon Puac, el protagonista de mi cuento y otros miembros de su equipo. De camisa blanca, Nuto Chavajay el Chaaq, dedicado al video arte, durante los Diálogos descoloniales organizados por Marlon, de los que participé el 16 y 17 de septiembre recién pasados.

Pedro Filosofal

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Lago de Atitlán, fotografía de Pedro Filosofal.

Un lago rodeado de magia ancestral, y un mago que en sus márgenes comparte sus conocimientos con el respeto que se debe a los pueblos originarios que fueron dueños de un quehacer hoy olvidado y que Pedro Canivell Arzú revive en su maravilloso proyecto de Santa Catarina Palopó,  para que ellos recuerden su poder intrínseco y le den nuevos vuelos. Este cuento lo dedico a este amigo esencial y lo comparto con ustedes:

 

14915455_318596651855907_1548372829979136197_n-2Ella es muy fuerte y su misión es proteger las memorias ancestrales en su interior y sólo entregarlas a la persona indicada, no a cualquiera que se atreva a tocarla. La persona elegida, deberá poseer indefectiblemente ciertas condiciones: la primera y la más importante es que sea capaz de eliminar la ilusión de la separación entre ella y él. Debe ser alguien idóneo para retirar de su cuerpo su armadura mental, desnudándose completamente, dando paso a sentir en su ser el amor incondicional y solo así, podrá permitir ese deseado contacto con su cuerpo de luz y brindará todos los secretos que ella resguarda celosamente dentro, mientras espera el momento para develar desde lo primario hasta lo ancestral y más, mucho más.

Ese día llego alguien llamado Pedro, (del nombre griego Πέτρος (Petros), que también significa piedra) y mientras la observaba detenidamente, admirando su color y su forma, se sintió fuertemente atraído y cedió al impulso vital de colocar sus manos sobre ella. Allí fue donde experimentó aquella vibración interna que lo rindió en un estallido instantáneo, una explosión que le hizo caer en un vacío sin fin.  No supo precisar por cuanto tiempo experimentó esa caída libre, pero después de miles de millones de imágenes que se sobreponían en su cabeza, en un microsegundo se llevó a cabo aquel reconocimiento profundo y el asombro surgió, haciendo desaparecer esa relatividad que conocemos como el tiempo y el espacio.

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Simultáneamente, la alquimia del momento le hizo percibir el nigredo, el rubedo y el albedo que transmuta la materia y así fue como recibió todos los mensajes encriptados, protegidos por ella durante los siglos de los siglos. A través de sus manos se conectó, tomando de los tres niveles de la Gran Obra Alquímica, toda la información que le estaba destinada para multiplicarla y devolverla a sus primeros dueños, aquellos indígenas a los que el cincel de quinientos años de conquista, había borrado en ellos cualquier recuerdo de su contacto.  A partir de entonces, ya no hay separación, él la acaricia y a medida que avanza, todo cobra vida, revelándose lo oculto a los ojos de los demás.  Su vida es ahora la de descubrir los secretos ocultos en el alma de ella y uno por uno mostrarlos con paciencia a otros, para que aprendan a hallarlos también, y así, se encuentren ellos mismos a cada paso.

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El cuerpo de luz de Pedro se expande de tal manera que conecta con esa corriente de energía vital para iluminar lo doliente, lo olvidado y lo inconsciente, tal como los grandes alquimistas, como Paracelso, que alcanzaron el discernimiento y transcribieron su sabiduría en forma de elíxires especiales obtenidos de metales, gemas y plantas. Pero Pedro, por el 13939385_272141293168110_3279174170334532528_n-2contrario, se convierte en la misma piedra filosofal con la que trabaja diariamente, mostrando a otros el camino a través del desbaste, la forma y el pulido que juntos realizan hasta convertirlas en seres mitológicos, como el Andasolo, o los pájaros y tantos otros secretos que esculpen desde el alma, por eso su labor alquímica culmina en su Taller Escuela de Esculturas de Piedra, en el seno de la Gran Obra geológica, el maravilloso lago de Atitlán en Guatemala.

 

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Puliendo los secretos de la piedra.

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Taller Escuela de Escultura en Piedra, bajo su obra, el Andasolo.

 

 

Ilse Ortiz de Manzanares y Masaya

La gran artista nicaragüense a quien respeto tanto por su obra, Ilse Ortiz de Manzanares, cumple este mes de octubre de 2016, 40 años de ejercicio profesional en el arte. A la vista de su escultura “Masaya” que está en Antigua Guatemala, en Santo Domingo del Cerro, de los Museos de Casa Santo Domingo, quise saber más sobre cómo se generó esa obra en el imaginario de la artista a través del conocimiento de la geometría sagrada ancestral y cuando lo supe, no me resistí y escribí  este cuento, como un homenaje a su arte.

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Amanecía y su cuerpo abatido por el olor a azufre, el trabajo y por supuesto los partos, doce y quién sabe cuántos más, hacían que su cuerpo fuera un martirologio por las mañanas.

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“Cueva de la Bruja” Volcán Masaya, Nicaragua

Le costaba ponerse de pie, todo su ser le pedía no levantarse, pero ella no lo podía escuchar, no sabia parar, era su misión de vida, si no lo hacía, entonces ¿de qué servía vivir? necesitaba que se recordaran las huellas ancestrales, hacer que todos supieran lo que ella sabía. Quería gritarle a las siguientes generaciones, que las cosas no son lo que parecen, que aprendieran a ver, a sentir, a dejar de aparentar.

 

Como todas las mañanas, un brillante destello la encandiló, apretó los ojos, las manos y cada músculo. Arriba, se dijo. Ni cuando la echaron de Tenderí se permitió quedarse dormitando, menos ahora, que sabe que tiene una misión que cumplir.

Ella es “La Martina”, como le pusieron los españoles, la sabia del volcán, reverenciada y temida, su nombre real, Martli-xotchil Acal-xubj, que le había sido revelado en sueños a su madre, era el nombre de una maga/diosa.

Pensando en su amor perdido, por el que fue echada de su pueblo, se despereza en su lecho de hojas silvestres y lentamente se incorpora. Camina por la vereda del volcán con el sol dorándole la piel mientras la brisa hirviente le seca las gotas de sudor. Tiene que madrugar para llegar a la laguna de Masaya temprano, pues allí la esperan sus fieles colaboradores y juntos comienzan a preparar el ritual.

Antes que nada, ella pide que recojan el material a emplear en la ceremonia y explica cómo desea que den forma a las imágenes de su mente. Juntos encienden el fuego, bajo su dirección, y durante un largo rato invocan a la diosa Masaya, Chalchiuhtlicue. El fuego consume la ofrenda, y convierte los materiales en la imagen de Chalchiuhtlicue.

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Laguna Masaya y La Chalchiuhtlicue

La Martina se siente llena de vitalidad y ve a lo lejos, reflejada en la laguna, la imagen de una mujer que no le teme al fuego, ni al hierro y que rinde tributo al Ollin y a la Chalchiuhtlicue. La ve creando una imagen que ella misma tenía en su cabeza y que no entiende, pero sabe que esa mujer valiente de León, está reproduciéndola de una manera diferente, pero poderosa.En el reflejo ve a la dorada Chalchiuhtlicue que ha hecho esa mujer rubia, que ella jamás creería antes que podía conectarse con sus formas sagradas, las que ha recibido en sueños, como su madre.

Al despertar a la mañana siguiente, el volcán que la acoge en su cueva, se vuelve una enorme fuerza roja, que multiplica su forma y asciende. De un rojo metálico, la Martina siente cómo puede verse en las formas que ha creado la noche anterior esa mujer, petroglifosque la reflejan como cuando ella era joven y era la princesa del Tenderí. La ceremonia cotidiana se convierte en una proyección de lo que ve a través del reflejo del agua y se asombra cuando encuentra las espirales de las piedras antiguas sobre la Laguna de Masaya, reproducidas en varias formas de metal de color brillante, que esa mujer hace sin descanso, feliz y agradecida con el Dios de los cristianos.

 

La Martina quiere reflejarse de nuevo en esas esculturas, porque allí se ve fresca, tal como la escultora percibe todo lo que ha sido olvidado por los pocos tenderises que quedaron (si es que quedaron). La escultora hace que ella se vea como la princesa que fue, como la maga de gran belleza, y no la bruja que aterroriza.

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Erupción del Masaya, imagen de La Prensa, Nicaragua

Desde entonces, la Martina quiere llevarse esas esculturas a su cueva en el Masaya, por eso la escultora le regaló una pieza enorme que se llama así y desde entonces, ella se reclina cantando “fumando espero” sobre su cama de hojarascas, mientras echa humo por el cráter del volcán y todos se asustan, menos la escultora, que siempre quiere ir a ver el espectáculo por las noches.

 

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 “Masaya”, hierro dulce y pintura autógena. 232 x 94. cm. 2016.

SENSUAL

Fui a la inauguración de Valoarte, en Costa Rica, fascinada como vivo por el poder de las artes visuales. Luego de recorrer el primer piso, entré a la sala principal y al caminar algunos pasos, me topé con una escultura en alabastro, de Diana FernándezAgnes  y Lali, ven la obra de Diana. No podía creer la perfecta paradoja que esta escultora guatemalteca construye en sus piezas. En septiembre, FUNSILEC de Guatemala, le rinde un merecido homenaje, con una exposición retrospectiva que no quiero perderme, por lo que viajaré a Guatemala. Emocionada con su trabajo, concebí este cuento breve, que aquí les comparto:

 

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Diana Fernández, Pléyades, alabastro blanco traslúcido, 28 x 31 x 24 cm. 2016

Llevo un tiempo observándote y te has dado cuenta. Te elegí entre muchas, porque me pareciste única. Fue en aquel instante que rocé mis dedos sobre tu piel, cuando me aceptaste de una manera grácil, casi imperceptible, cuando nuestras energías se sacudieron al unísono, haciendo que cada fibra de mi cuerpo respondiera a tu hermosa energía.

A partir de entonces, supe que me ofrecías ¡todo! todo lo mejor de ti. Fue un contrato divino el que pactamos. Nos sumimos desde entonces en un éxtasis de entrega sin reservas, fundiendo alma y cuerpo para unirnos mientras haya vida. Eres muy fuerte, eso lo sé y por eso debo ser suave contigo, acariciarte para que te rindas y me entregues tus maravillas.  Recuerdo cuando te dije:

 -Te prometo que seré paciente, aunque a veces creas que soy una bestia grosera, mi intención es descubrir lo mejor de ti, confía en mí.-

Y te quedaste fría, rígida, como si no me entendieras o no me creyeras. ¡Dios! eres dura y tan inocente a la vez, ¡Me encantas! 

Diana Fernández, Metamorfósis, alabastro, 74x68x14cm 2015

Diana Fernández, Metamorfosis, alabastro naranja traslúcido, 74 x 68 x 14 cm. 2015.

 Empiezo a acariciarte y nunca puedes resistirte al toque de mis manos,  suavemente las deslizo por todas tus ondulaciones, recovecos, espacios dulces y ásperos. No dejo jamás un sólo ápice sin tocar con tanto amor. Nadie nunca te había hurgado de esta manera. Siempre pensaste que eras insignificante, a veces hasta creías que eras fea. Y eso porque el tiempo se encargó de endurecerte con cicatrices visibles, te hiciste estoica,  ocultando lo mejor de ti, con mucho miedo de parecer vulnerable. En realidad, nadie más que yo te había hecho sentir tan hermosa antes.   

 Cuando mis dedos te recorren, siento cómo lo disfrutas, muy tímidamente al comienzo, para luego ir cediendo y terminar brindándote a mi voluntad, sin reservas.

A cada momento te sientes más libre, confías más, y todos los átomos de tu cuerpo vibran bajo la presión calculada que ejerzo sobre ti. Te desmoronas y puedo ver como te desvaneces y de pronto, emerges  ¡hermosa! He logrado traer a la luz lo que guardas para ti de la vista golosa de los demás.  Me duele el grosero desbaste del principio, pero cuando mis manos te pulen y brillas traslúcida, sé que mi trabajo escultórico cumplió su función cosmogónica de traer especies nuevas al mundo de los antiguos alabastros.

Diana Fernández, Floración, alabastro, 68x86x10 cm. 2013

Diana Fernández, Floración, alabastro traslúcido naranja, 68 x 86 x 10 cm. 2013.